| Summary: | La Bodega estaba en el sótano de la casa y contaba con una entrada exterior en la parte trasera. Fina abrió la puerta y bajamos las escaleras, hundiéndonos escalón tras escalón en la penumbra de aquel santuario. Una lamparita de escasa potencia apenas si iluminaba el culo de muchísimas botellas que descansaban en sus nichos desde vaya a saber cuándo.
- No veo casi nada – le dije. Ella me tomó de la mano.
- Vos seguime, no temas. No es por economía – dijo señalando la lamparita – lo que pasa es que la luz no es buena para los vinos … y tampoco para los secretos.
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