| Summary: | . Aravinda Juárez escribe como si estuviera sudando, como si pegara un alarido, como
si posara una mano sobre el cuerpo de quien lee. (...) La piel no es un tópico, la piel y sus
fiebres son el escenario mismo de la tragedia. La piel del mundo, la tierra, indiscernible
-en el mundo de las abuelas Wayuu- del cuerpo de una persona, también es profanada:
razón de la magia conocer el lazo secreto entre las personas, las palabras y el universo
material. La curandera vuelve a soldar lo des-ligado (religión), el lazo roto entre esos
reinos es el origen del mal. Un mal que es machista, capitalista y colonial (...).
Aravinda no pierde la ternura ni siquiera cuando decide dar voz a los verdugos. (…) Tiene
una escritura implacable, pero sin una gota de resentimiento o cinismo... Escribe para
apoyar el oído sobre el corazón del mundo, y cantar para nosotros lo que escucha.
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