| Summary: | La vasta obra de Manuel J. Castilla abre sus ojos en el centro de una naturaleza exultante, que a cada instante crece y se derrumba.
Deslumbrado por el norte argentino, el poeta, con algo de marinero en la tierra, se pasó la vida recorriendo ese paisaje: celebrando, rescatando sus costumbres y nombrando sus plantas, oficios, animales, y dilatadas extensiones.
El follaje de la imaginería de Castilla se mueve a sus anchas tanto en la denominada poesía culta como en numerosas canciones folklóricas; género en el que se destaca sobradamente. El trasiego entre los ámbitos rural y urbano, revela una amalgama que reúne a la literatura escrita, tradicional con el patrimonio oral de la copla.
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