| Summary: | La trama de esta novela se puede considerar, en cierta medida, un anticipo del golpe militar que sufriría Argentina en 1976 y, para poder contextualizar el argumento, hay que referirse necesariamente a la atmósfera política y social que se vivía en Argentina durante aquellos años, un país que padeció en un periodo de apenas 40 años ocho golpes de estado promovidos por las fuerzas militares. Con Perón exiliado, el peronismo triunfó en las elecciones de 1973. Sin embargo, tras esas elecciones los peronistas se dividieron en dos facciones, los conocidos como “montoneros”, alineados con la izquierda, y los “justicialistas” alineados con el sector más conservador. Ambas facciones se enfrentaron, literalmente, en más de una ocasión dando lugar a enfrentamientos a veces tan dramáticos como la masacre de Ezeiza, que ocurrió el día en que Perón regresaba a Argentina del exilio.
Una vez puestos en contexto, diremos que la acción de No habrá más penas ni olvido se sitúa en un pueblo ficticio llamado Colonia Vela, y el comienzo no puede ser más directo: un comisario le advierte a Ignacio Fuentes, el delegado municipal, que lo van a acusar de tener infiltrados -un eufemismo para referirse a los comunistas-, y entre esos acusados de infiltrados está Mateo, un amigo de Ignacio. Así pues, Ignacio es conminado a depurar o “normalizar” los hombres a su cargo, pues es una orden superior. Ignacio no da crédito a lo que escucha, pues si han acusado a su amigo Mateo eso significa que pronto lo acusarán también a él, algo que terminará sucediendo y que sencillamente no entiende, pues se considera un peronista incontestable, de primera línea, que ha probado sobradamente su lealtad, perplejidad que Osvaldo Soriano concentra en una sola frase de forma genial cuando Fuentes dice aquello de: “yo nunca me metí en política: siempre fui peronista”.
|