| Sumari: | "..El autor va delineando un vínculo ideal entre un redactor de cartas que no se envián y una imposible receptora de textos que se resisten a ser decodificados por la razón, la gramática, las reglas de peso y demedida. El redactor que cre (y en el cual se escuda) Finkelstein es un ser de infinita ternura, que juega con las palabras como si fueran papelitos de colores, que buscan en el tibio rincón de una mujer un refugio ante el frío mundo regído por la eficiencia y las estadísticas. Estas son cartas que toda mujer sensible desearía recibir. Estas son cartas que todo hombre podría escribir, si aceptara volver a una pureza edénica, a una rebeldía de niño, si perdiera el temor a la aventura, si en vez de una correcta urbanidad, saliera a lucir sin temores de una loca inocencia". E xtraído de contratapa.
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