| Summary: | Como la aguja de un sismógrafo, los poemas de Zabaljáuregui delatan con palabras las fallas que atraviesan el campo minado de la escritura. En abanico, el tapiz del mundo se despliega "como la vida misma", visto por un ojo facetado que, al mismo tiempo, se mira a sí mismo al ritmo del tictac del reloj interior. La última estación del mundo, es un sitio de excavación a la inversa, donde esta poética de acumulación aflora traspasando napas retóricas y sedimentos de la historia, para reconstruir el silencio sepultado por el siempre activo volcán de la lengua.
|