| Riassunto: | La noche puede ser tan salvaje como lo requiera el alcohol. La lengua suelta, la boca seca, los sentidos confusos. En el umbral, al acecho, el remordimiento. Hasta que, en lugar de salvajes, eufóricas, locas, las noches empiezan a parecer simplemente repetidas. Entonces el que las presencia y las vive tiene que elegir entre las misiones equívocas del aburrimiento y el sacrificio.
Esta novela cuenta con aplomado fervor y una ternura exenta por completo de sentimentalismo el tránsito entre una vida que va a consumarse sin conciencia y una especie de resurrección que nos deja a salvo de cualquier exterioridad ingenuamente optimista. Escrita en el crepúsculo de la última dictadura militar, la ciudad de "Fuego a discreción" es víctima de un verano opresivo que traduce en clave meteorológica la situación política. (Extraído de la contratapa)
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