Lanean...
Xehetasun bibliografikoak
Título:Del Plata al Niagara
Egile nagusia: Groussac, Paul
Edizioa:1ºed.
Argitaratua: Argentina Buenos Aires:Biblioteca Nacional
Fecha de edición:2006
Deskribapen fisikoa:532 p.
Saila:Los raros;7 :Crónicas
Gaia:Del cerro andino cuya meseta terminal separa las vertientes argentina y chilena, manan los dos arroyos que, al engrosar en breve su caudal propio con diez corrientes adventicias, dilatarán en la hoya respectiva su faja sinuosa hasta venir á ser los ríos de Mendoza y Aconcagua. ¡Aquí el rendez-vous de las prosopopeyas y frases hechas! Retórica obliga. Se llega cansado, hambriento, aterido y abrumado por la trasnochada á mula; harto de valles y quebradas uniformemente pintorescos, con la misma a «sierpe de plata» que se retuerce entre peñascos, reverberando al sol sus móviles escamas. Horas hace que no se alzan los ojos hacia las areniscas y conglomerados de la serranía; nos han fatigado hasta las visiones fantásticas que el crepúsculo y la distancia evocan: ruinas de castillos y catedrales disformes cuyos sillares colosales fueran los estratos ondulantes, remedando las estrías verticales de la roca ya góticas columnatas sin bóveda visible, ya juegos monstruosos de órganos para el Juicio final—con las nevadas cúpulas del Tupungato y Aconcagua sobre el poniente lívido ... No importa: es asunto entendido que, al pisar la cumbre, Perrichón ha estallado en gritos sublimes: «¡Dios! ¡Providencia! ¡Inmensidad! ¡Eternidad! ¡¡Oh!!..» Todo lo cual será redactado, tres días después, en un confortable hotel de Valparaíso, ¡y bien empenachado de signos admirativos! La cordillera es imponente y bella; pero la cumbre no es más que su peldaño final, el menos interesante de todos; se la salva sin verla, embotados los sentidos por lo prolongado de la misma sensación. Por lo demás, así en lo físico como en lo moral, el último paso no conmueve ni sorprende: ha sido previsto, anunciado, descontado. Cuando la fortuna, el amor, la gloria cumplen al fin su gran promesa, llegan demasiado tarde; nos hemos saciado con la ilusión, la realidad nos deja tristes. Las emociones preliminares han agotado de antemano la del triunfo; la fruta madura tiene resabio de ceniza, y el destino nos brinda la copa llena cuando ya no tenemos sed.—En sí mismo, el paisaje carece de variedad y hasta de majestad. El paso de la Iglesia y la cumbre del Bermejo, á pesar de su altitud absoluta, son dos boquetes ó portillos, dos depresiones entre alturas mayores: es mediocre el horizonte contemplado. El cerro próximo, descarnado y sombrío, corta duramente el azul metálico del cielo; en los repliegues de la roca, algunas chapas de nieve hacen centellear sus agujas finísimas, cual hojuelas de mica; asoma la arcilla húmeda y negruzca debajo de la capa fundente: ello es la «corona inmaculada» de la poesía de bufete. Interminablemente, á lo largo de la senda estrecha, desgarrando la delgada epidermis caliza, las vértebras de la cordillera se suceden en rosario de peñones; y se roza con el estribo la cornisa sublime que, desde el valle, admirábamos ayer.—Ni un asomo de vegetación, ni un grito de ave, ni una fuga de insecto entre las grietas. Allá abajo, en el fondo del abismo, como un lustroso rastro de babosa en una piedra obscura, el torrente coagulado en su quebrada se alarga indefinidamente, terso é inmóvil por la distancia, sin una arruga, sin un rumor; en el aire rarefacto, un principio de fatiga y ansiedad penosa acrecienta la impresión de abandono, de soledad, de inhospitalidad. El hombre no se siente aquí pequeño, como suele decirse: tiene la vaga conciencia de ser un punto extraño, un detalle chocante en un medio hostil. Es este un paisaje lunar, reino inviolado del silencio y de la muerte, en cuya atmósfera esterilizada y glacial nuestra vida terrestre procura en vano el más efímero asiento. Concibe la imaginación la grandeza salvaje, el horror sublime de una noche de invierno en estas soledades, cuando la tempestad de nieve desata los ventisqueros y arroja al precipicio los aludes erráticos: pero tales cataclismos no se perpetran para ojos humanos, así como las erupciones volcánicas de nuestro helado satélite ... Ahora, la tibia caricia del sol amigo, la solidez del piso que retumba bajo el casco del la mula, el silbido del arriero indiferente, al desvanecer toda inquietud en la cruzada, acentúan su vulgar monotonía. Durante la breve travesía de la planicie divisoria, la sensación dominante no es otra que el deseo de bajar y divisar la posta del Juncal. Como el Augusto de Corneille, se experimenta la nostalgia de la llanura: Leer + Et monté sur le faíte, on aspire à descendre... Entre tanto, con mi hábito de la observación interna, me d
ISBN:9509639066
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