| Summary: | Con el tiempo, me fue ocurriendo que, al pensar en la obra de Gustavo Ferreyra, se me apareciera asociada a las de Shakespeare y de Faulkner. Soy conciente de los riesgos y el ridículo que amenazan cuando se establece una relación entre obra actual y clásicos de semejante magnitud. Sin embargo, aun así quisiera conservarla ofreciendo al menos un argumento.
Creo que la asociación responde a que el esplendor domina a esas tres obras.
“La hipérbole, el exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare”, anotó Borges en su “Prólogo” a Macbeth. La observación parece razonable. El esplendor de sus tragedias, y particularmente el de la composición de algunos de sus personajes, se manifiesta no sólo en el lenguaje de los soliloquios sino también en sus acciones: el esplendor mental se corresponde con los actos. En su desmesura –en su locura- Macbeth es capaz de invocar al Destino para desafiarlo a luchar.
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