| Summary: | Ella se llama Julia y ella se llama Cacha. Acaban de regalarse unas vacaciones de fin de semana. Podría ser Navidad aunque no lo sea. Es que hay ciertas temporadas en que se impone una huida: de Paris, de marido o amores varios, de hijos, de mascotas, de los kilos de más, del teléfono, de las deudas, del susurro de la angustia a las seis de la tarde. O, lo que es casi lo mismo, de la nostalgia del paraiso perdido. Y qué mejor remedio para esos síntomas que la ascéptica Suiza, la reina del chocolate y de las vaquitas pastando, de la neutralidad y las cuentas numeradas, de los relojes cucú y la sopa condensada. Sólo que Julia y Cacha descubren que la neutralidad es puro cuento, que las vaquitas son ajenas y los cucús exasperan a las urracas. Las urracas de Futoransky son ruidosas arrepentidas. Repiten lo que oyen y se llevan al nido objetos pequeños, sobre todo si son brillantes, sobre todo si representan la dicha ajena, aunque sea aparente.
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