| Summary: | Edith Wharton describe las impresiones de su vida viajera, de los contrastes entre la sociedad neoyorquina de finales de siglo, la aristocracia inglesa y los salones parisinos de las primeras décadas de esta centuria, con grandes dotes de observación, con ironía unas veces y con perplejidad en otras, y el reflejo de sus ganas de vivir y de aprender. En este sentido, el libro resulta muy interesante como testimonio de unos ambientes y de unas inquietudes intelectuales que desaparecieron con la guerra de 1914.
La autora incluye también noticias sobre su tarea literaria, aunque no con detalle, sino a modo de pinceladas o puntos de referencia: los comienzos vacilantes, los éxitos inesperados tanto en Estados Unidos como en Francia e Inglaterra, sus gustos, opiniones y experiencias sobre la vocación y el oficio de escritor, y la gestación de algunas de sus obras.
Sin embargo, lo más destacado del libro, y lo que ocupa mayor número de páginas, son sus relaciones con otros escritores, artistas, intelectuales y políticos europeos y norteamericanos. La lista es importante; cabe señalar, entre otros, su amistad con Henry James, Walter Berry, Paul Bourget, Charles Du Bos, Georges Meredith, Theodore Roosevelt… En otros casos, la autora se lamenta de su timidez o indecisión para tratar a destacados personajes, por ejemplo a Proust, pero ofrece su opinión sobre sus obras y su influencia en los ambientes de la época.
Edith Wharton es consciente de la transformación que supuso la Gran Guerra. De hecho, su autobiografía se detiene prácticamente ahí. Hay unas páginas muy interesantes sobre la reacción, en muchos casos heroica, de los intelectuales y de otras personas de su ambiente social ante la terrible realidad bélica, para terminar con unas breves notas de los años posteriores a 1918, que le sirven para dejar constancia de la desaparición del mundo en que había vivido.
Luis Ramoneda
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