| Summary: | Acompañar desde la lectura al médico y científico suizo Francisco Machón en su travesía patagónica del otoño de 1892, es entrar en algo mucho más profundo y atractivo que las andanzas y crónicas que proporcionan los típicos relatos de viajeros que peregrinaron por la tierra maldita hasta fines del siglo XIX. Es también un retrato de las desidias y carencias gubernamentales destinadas al inmenso territorio aún en disputa limítrofe, diez años antes que el laudo arbitral, a manos y criterio de la corona inglesa, figara el trazado divisorio. Es un relato despojado de pasiones, escrito por alguien ajeno a esas desavenencias, pero sensible a la miserable vida de los habitantes del desolado territorio. Las tribus ya estaban sometidas y de la conquista solo quedaban fortines desvencijados, milicos mal entrazados y peor armados, muchas veces hambreados y sin caballos. No falta el comisario prepotente ni el guía fiel o el criollo desbordante de su nata sabiduría. Tampoco los padecimientos de la dramática travesía por soledades sin agua y sin pasturas; de sequía lacerante que obligaba a la resignación de apetecer hasta aguas salobres. Siempre en marcha incesante y penosa a través de gélidos vadeos y escarchas mortificantes. Aún así, la vida de los aborígenes, de los pioneros, de los baqueanos, de los resignados fortineros o los lacónicos peones, queda descripta en sus hábitos más minuciosos. Aún así, en esas desfavorables condiciones, el Dr. Machón capturó fotografías invalorables, usó la carpa como cuatro obscuro y dejó un testimonio gráfico que se incluye en estos apuntes que hoy ingresan en la ya nutrida bibliografía patagónica.
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