| Summary: | “La ciudad sin nombre” es probablemente el primer gran relato de H. P. Lovecraft. No es, sin embargo, la primera aproximación al tema de las ciudades en ruinas y al mito de antiguas (y terribles) civilizaciones. Es decir, a los Mitos de Cthulhu. Ya hablamos hace poco de “Dagón” (1917), prefiguración temprana. En ese caso, la civilización se escondía en las profundidades del mar. Acerca de horrores ocultos en civilizaciones extintas también resultan destacables los relatos “La maldición que cayó sobre Sarnath” (1920) y “El templo” (1925), que sitúan ya el misterio en las dunas del desierto. Indudablemente, sin embargo, todos estos relatos beben de una tradición anterior, que nunca negó Lovecraft: Edgar Allan Poe y, especialmente, lord Dunsany. Dunsany, precisamente, habla en muchas de sus obras de ciudades extraordinarias pero muertas, en un estilo similar al de Lovecraft. La pieza teatral Los dioses de la montaña (1911), por ejemplo, había influido en el origen de la lovecraftiana Sarnath y un par de relatos anteriores entroncan perfectamente con “La ciudad sin nombre”: son “La locura de Andelsprutz” (1908) y “La caída de Babbulkund” (1907). Si la primera es la historia de cómo puede morir el alma de una ciudad, la segunda, mucho mejor, nos habla de una arcaica ciudad desaparecida por la ira de Dios, de la que no ha quedado ni rastro; sólo el nombre y la fama
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