| Summary: | Este libro empieza describiendo la hiperactividad como un término que engloba un conjunto de trastornos conductuales con características propias. Aquí se sitúan niños con alteraciones de aprendizaje y emocionales asociadas.
La hiperactividad suele ser evidenciada por primera vez cuando comienza la edad escolar y se está bajo presión con una serie de responsabilidades. Se trata de niños faltos de autocontrol aunque conscientes de sus carencias. Es necesario tratar estos casos, pues las conductas interfieren en el aprendizaje.
Entre los comportamientos más comunes de la hiperactividad o hiperkinesia nos podemos encontrar con: movimiento corporal excesivo, impulsividad, atención dispersa, variabilidad, emotividad, coordinación visomotora pobre, dificultades a la hora de comprender y resolver problemas de aritmética, una lectura deficiente para su edad, memoria escasa y tendencia al fracaso.
El mejor modo de identificar a los niños hiperactivos es la observación realizada por los padres y maestros. El autor propone para esta observación lo que será un tópico en este libro: la toma de datos y la comparación entre los sujetos de su edad.
El tratamiento que se ha de dar al niño hiperkinésico dependerá tanto de las causas como de las circunstancias específicas del individuo. Las causas más comunes se agrupan en cuatro grandes áreas:
-Expectativas evolutivas: La hiperactividad es normal en algunos estadios del crecimiento. En estos casos no hay que reprimir al niño sino estimularlo. Sin embargo, la hiperkinesia puede tener como causa las diferencias evolutivas que posee el sujeto respecto de los niños de la misma edad. Asimismo, también se pueden sufrir desórdenes evolutivos en la motricidad y en el lenguaje.
Por otro lado, la hiperactividad se suele producir más en niños que en niñas debido a la rapidez de éstas en la mielinización de las fibras nerviosas, en la discriminación visual y en el dominio del lenguaje.
Para acelerar la maduración del niño hay que modificar las expectativas y dar una vía de escape de su energía destructiva, además de no crearle comparaciones con otros compañeros demasiado elevadas para él, por ejemplo, comparaciones en los estudios.
-Disfunciones neurológicas: Se producen cuando las células cerebrales no funcionan adecuadamente por culpa de algún desequilibrio químico (lo más frecuente) o por fallos en el sistema nervioso. Las conexiones neuronales pueden no inhibir o no diferir los estímulos (input) que entran. Sucede esto por un posible daño en el sistema neurofisiológico debido a enfermedades o a accidentes. Sin embargo, tiene que quedar claro que esas disfunciones no rebasan la categoría de lesiones cerebrales mínimas.
El tratamiento que propone el autor pasa por la medicación y la terapia nutricional, aunque le da prioridad a la labor psicopedagógica y sólo considera necesario consultar el caso con un médico cuando no hay otra solución para reducir la hiperactividad.
-Causas ambientales: Un ambiente poco propicio para el niño puede causar o agravar la hiperactividad. Esto lo vemos en casas en que falta la tranquilidad por diversos motivos o se perturba al niño mediante situaciones de extrema tensión. También la escuela es posible que sea un foco de trastornos que afectan al alumno y al profesor que, a su vez, también puede provocar alteraciones en los niños que tiene a su cargo.
-Factores psicopedagógicos: Son la causa principal de las conductas hiperactivas ya que una mala planificación curricular repercute gravemente en la conducta del estudiante, no sólo en su vida académica, sino personal. Además, los modelos de conducta que recibe el sujeto pueden ser inadecuados y un ejemplo de esto lo vemos en los padres y profesores excesivamente nerviosos.
Desde su visión conductista, Robert E. Valett propone la modificación de la conducta del niño por medio de premios y castigos.
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