| Итог: | Raúl Benavides es un periodista freelance al que contratan para escribir un artículo sobre el comisario Evaristo Meneses. Meneses, “un duro con códigos” que supo ser una figura relevante en los ’60, ha muerto hace lleva más de quince años.
A Benavides el artículo le supone una tarea relativamente sencilla, rutinaria, lo que más le interesa es la chance de aliviar el rojo en el banco. Escribe un artículo correcto basándose en la biografía de de Yderla Anzoátegui –no hay mucho de Meneses en internet–, lo entrega y se olvida del asunto.
Entonces aparece Erika. Y luego, las amenazas.
A los días de haber dado por cerrado el tema, Eugenio –un amigo de Benavides– le dice que conoció a una vieja prostituta que ahora regentea una casa en San Cristóbal y que dice ser el gran amor de Meneses. Quiere conocerlo para aclarar las imprecisiones de la biografía de Anzoátegui. Erika ronda los 80 años y tiene muchos deseos de hablar del comisario. De cómo la amaba, de cómo se acostaba con ella, de cómo supo cargarse a más de una banda.
Erika tiene tiempo. Y lo maneja con la costumbre que le enseñaron los años de profesión. Marca las visitas con una rigurosidad asombrosa: interrumpe el relato sin importarle en dónde esté cuando se agota el tiempo de visita y agenda un nuevo encuentro. Por medio de Erika, Benavides va conociendo al comisario, una trama oculta espera salir a la luz. Tal vez Meneses esté implicado en un crimen de lesa humanidad. Es cuando llegan las llamadas, amenazadoras. ¿En qué juego se ha metido Benavides?
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