| Summary: | Podría haberse dedicado sólo al comercio, como deseaba su familia, pero Hipólito Bouchard, tozudo e intrépido, sabía desde muy pequeño que había nacido para el mar. Dejó todo y se entregó por completo a su vocación, los océanos, y a su destino, las guerras y las batallas buque a buque.
Su rostro se transformaba al prepararse para la lucha, sus ojos despedían fuego cuando lo entusiasmaba la cruzada, y su brazo no se cansaba de asestar planazos con el sable de abordaje a los marineros indiscipliandos. Su mal carácter y su dureza lo hicieron temible.
Llegó a Buenos Aires cuando en las tierras del Plata se luchaba por la emancipación y, con su media lengua franco española, se sumó a la contienda.
En poco tiempo, se convirtió en el primer comandante corsario que, a bordo de su fragata La Argentina, dio la vuelta al mundo enarbolando, con orgullo, la bandera blanca y celeste.
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