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|a “Leía todo lo que llegaba a sus manos, recortaba las recetas de cocina y me las daba. Corría a recibir el diario y se hincaba en el suelo a leer historietas. En su biblioteca estaban los cuentos como La hormiguita viajera, Santa Genoveva de Brabante y Robín Hood". (Testimonio de Rosario López, empleada doméstica en la casa de la familia Guevara.)
"Paso a visitar a mis amigos del hospital. Una pregunta que queda sin contestación porque para eso fue formulada, ¿qué veo yo? Por lo menos, no me nutro con las mis¬mas formas que los turistas y me extraña ver en los mapas de propaganda de Jujuy, por ejemplo: “el Altar de la Patria”. No, no se conoce así a un pueblo, una forma y una interpretación de la vida. Aquello es lujosa cubierta, pero su alma está refleja¬da en los enfermos de los hospitales, los asilados en las comisarías o en el peatón ansioso con quien se intima". (Diario personal, 1950.)
“Tía-Tía-mía: Mi vida ha sido un mar de encontradas resoluciones hasta que abandoné valientemente mi equipaje, y mochila al hombro emprendí con el compañero García el sinuoso camino que acá nos condujo. En El Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit convenciéndome una vez más de lo terrible que son esos pulpos capitalistas. [...] En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico. Informo que además de médi¬co, soy periodista y conferenciante, cosas que me darán (aunque pocos) U$S. Junto con tus aditamentos, te abraza, te besa y te quiere tu sobrino, el de la salud de hierro, el estómago vacío y la luciente fe en el porvenir socialista. Chau. Chancho". (Carta a su tía Beatriz, 10 de diciembre de 1953.)
“Vos podrás hablar en todos lados lo que te dé la gana con la absoluta impunidad que te garantizará el ser miembro de la clase en el poder, aunque espero por vos que seas la oveja negra del rebaño. Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significa para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte. Para mí, que viví las amargas horas de Guatemala, aquello fue un calco a distancia, y cuando vi que junto a las noticias leales (es raro llamarlas así) se escuchaba la voz de Córdoba, que teóricamente estaba ocupada, empecé a ver mal la situación, después todo sucedió exactamente igual: el presidente renunciaba, una junta empezaba a negociar pero desde la posición de resistencia; luego eso se acababa, subía un militar con su marinerito al lado, único dato agregado con respecto a Guatemala, y entonces el cardenal Copello hablaba al pueblo lleno de orgullo y calculando cómo iría su negocio bajo la nueva junta [...]”. (Carta a la madre, 24 de septiembre de 1955.)
“Lo que realmente me aterra es tu falta de comprensión de todo esto y tus consejos sobre la moderación, el egoísmo, etc, es decir las cualidades más execrables que pueda tener un individuo. No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mi que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda”. (Carta a la madre, 15 de julio de 1956.)
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